Un alarmante estudio científico confirma que las peligrosas prácticas de geoingeniería son una realidad


En los últimos años el asunto de la alteración del clima mediante prácticas de geoingeniería, se ha convertido en un tema controvertido y repleto de malentendidos.



Las teorías sobre los “chemtrails” se han convertido en fuente de burlas y discusiones, al ser consideradas “una teoría de la conspiración sin fundamento”.

Sin embargo, las prácticas de geoingeniería son algo real y está siendo considerado y discutido en el mundo científico, como instrumento para luchar contra el supuesto calentamiento global.


Muchos científicos creen que a través de la pulverización en aerosol de ciertas sustancias en la estratosfera o la troposfera, es posible reflejar más luz solar de vuelta al espacio, lo que ayudaría a enfriar el planeta.

Pero mientras la teoría y la versión oficial nos cuenta que la comunidad científica aún está discutiendo estos aspectos, parece que los gobiernos y otros intereses económicos ya están actuando, de forma corrupta y extremadamente inconsciente y las pruebas científicas de ello empiezan a aparecer.

¿Por qué estarían utilizando precisamente estas cenizas aéreas de carbón?

La respuesta podría estar en el hecho de que las empresas de carbón disponen de reservas gigantescas de este producto de desecho y ejercen una enorme influencia sobre los gobiernos.

Las cenizas de carbón volantes consisten en partículas del tamaño de la micra y la sub-micra, ideales para ser pulverizadas en forma de aerosol y altamente eficaces en el bloqueo de la luz solar.

Es uno de los cuatro grandes productos de desecho que las empresas del carbón se ven obligadas a gestionar, en lugar de verterlas en la atmósfera o en los cursos de agua como habían hecho con anterioridad durante décadas.

De hecho, las cenizas de carbón aéreas son el segundo mayor flujo de residuos industriales en los EEUU.

Las empresas del carbón han intentado activamente promover el uso de esta gran cantidad de residuos para otros fines, como la creación de “aditivos para el cemento Portland, complementos para los suelos agrícolas, como elementos para derretir ríos congelados, y como base para construir carreteras”, entre muchas otras aplicaciones.


De hecho han buscado cualquier función posible para estos desechos que permitiera deshacerse de ellos sin tener que tratarlas y ganar dinero en el proceso, en lugar de los gastos que conllevan su gestión en la actualidad.

Ahora, a la luz de las pruebas presentadas en este estudio, parece muy posible que hayan encontrado un cómplice dispuesto a colaborar en su negocio: los gobiernos.
El autor del estudio pide más estudios adicionales para confirmar este hallazgo sorprendente.

Estas cenizas de carbón aérea tóxicas plantearán peligros importantes para la salud de los seres humanos y el medio ambiente. Contienen toxinas lixiviables y son descritas como un tóxico aún más radiactivo que los residuos nucleares.

“Estas partículas ultra-finas de cenizas volantes de carbón en forma de aerosol no permanecen en las altitudes en las que operan los aviones cisterna: se mezclan con la gente y contaminan el aire que respiramos en la superficie.

Los aerosoles troposféricos formados con cenizas volantes de carbón, potencialmente pueden poner en peligro a los humanos a través de dos rutas principales: (1) la ingestión de agua de lluvia contaminada con las cenizas, directamente o después de la concentración por evaporación y (2) la ingesta de partículas por inhalación o por contacto con los ojos o la piel”.


El arsénico y el aluminio que contienen son las amenazas principales para la salud humana y el medio ambiente.

Además de la toxicidad de las cenizas de carbón aéreas, está la cuestión general de la ingeniería climática a través de la pulverización de aerosoles.

Muchos científicos ya han advertido que utilizar estas técnicas puede provocar cambios profundos en los patrones de precipitación, lo que alteraría gravemente los ecosistemas y privaría a las poblaciones humanas de agua potable.

Según el autor, las cenizas de carbón aéreas podrían exacerbar esta situación.

“Además de impedir que se formen las gotas de agua y que se precipiten sobre la tierra, las cenizas volantes de carbón, se hidratan con extrema facilidad, atrapando así aún más la humedad adicional necesaria para provocar la precipitación de la lluvia.

Eso puede causar sequías en algunas zonas, inundaciones en otras, pérdida de cosechas, mortandad de bosques y impactos ecológicos adversos, especialmente en relación con la contaminación química del aluminio contenido en estas cenizas volantes de carbón.

Las consecuencias en última instancia, pueden tener efectos devastadores sobre los hábitats y reducir la producción de alimentos para los humanos




Fuente: ElRobotPescador 


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